Robo Brain analiza información y la traduce para robots

El cerebro robótico que aprende de internet

Un supercomputador en Estados Unidos está empapándose de la información pública disponible en internet, e intentando aprender de ella. Su objetivo es generar una base de datos de conocimientos estructurados de toda clase, listos para ser utilizados por robots, que les permita enfrentarse a tareas nuevas. Lo han denominado Robo Brain, y ahora mismo está analizando 1.000 millones de páginas web, 120.000 vídeos de Youtube y alrededor de 100 millones de manuales de instrucciones.

«Nuestros portátiles y nuestros teléfonos móviles tienen acceso a toda la información que queramos, pero si un robot se encuentra con una situación que nunca ha visto antes, puede consultar a Robo Brain», explica Ashutosh Saxena, participante en el proyecto e investigador en la Universidad de Cornell (EE UU).

Robo Brain analiza información y la traduce para robots
Robo Brain analiza información y la traduce para robots

Hasta ahora, la mayoría de intentos de enseñar a los robots han sido especializados. A identificar canciones, a reconocer spam, a hacer cálculos, a tomar decisiones, a pintar un cuadro, a buscar las llaves. Robo Brain pretende abarcar todas las opciones simultáneamente, y conectar unas con otras.

Por ejemplo, Robo Brain estudia toda clase de imágenes, detecta los objetos que están presentes en ellas y los vincula con textos y vídeos relacionados. Gracias a esto es capaz de aprender desde los contextos hasta los usos más habituales de toda clase de objetos. O donde suelen situarse en relación con sus usuarios.

«Si un robot ve una taza de café, puede aprender de Robo Brain no solo lo que es, sino que se puede verter líquido en ella, que se puede sujetar por el asa, y que debe transportarse hacia arriba cuando está llena», explican desde la Universidad de Cornell.

En la web del proyecto muestran algunas de las últimas cosas que ha aprendido recientemente: cómo se ha de coger un ratón –de ordenador–, o la forma más habitual en la que se sienta un ser humano que interactúa con un cuenco. Pequeñas virutas de conocimiento que, a base de acumularse por millones, pueden proporcionar una fuente de inteligencia a toda clase de robots.

«Aprendo conceptos al buscarlos en internet», asegura la página web del proyecto. «Puedo interpretar textos en lenguaje natural, imágenes y vídeos. También veo a humanos con mis sensores y aprendo de interactuar con ellos». Robo Brain, además de devorar internet y tratar de darle sentido a lo que encuentra, también convive entre humanos. «Las aplicaciones del proyecto pueden ir desde el prototipado, la investigación con robots, la robótica doméstica o los coches autónomos», señalan los investigadores.

[Vía elnortedecastilla.es]

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