La extracción de sangre la acabarán haciendo robots

Por favor, quédate quieto: Veebot es un sistema robótico que puede encontrar una vena y colocar la aguja, al menos, de igual manera que haría un ser humano. Se espera que los ensayos clínicos comiencen este año. Probablemente conozcas la rutina para la extracción de sangre. Un médico envuelve brevemente el brazo en un torniquete y observa tus venas, a veces golpeando suavemente con un dedo. A continuación, el médico selecciona una vena. Por lo general, aunque no siempre, se encuentra una vena adecuada en el primer intento, otras veces se encuentra en un segundo intento (o tercero). Este procedimiento está muy bien para el examen de sangre típico en el consultorio de un médico, pero para los investigadores representa un problema logístico importante. En los ensayos de medicamentos no es raro tener que extraer la sangre a decenas de personas cada hora a lo largo de un día. Estas pruebas pueden sumar más de cien mil extracciones de sangre al año para una sola empresa de investigación.
Veebot, una start-up en Mountain View, California, está deseando automatizar el trazado de la sangre e insertar IVs mediante la combinación de robótica con el software de análisis de imágenes. Para utilizar el sistema Veebot, un paciente pone su brazo a través de un arco sobre una mesa acolchada. En el interior del arco, un manguito inflable se estrecha alrededor del brazo, manteniéndolo en su lugar y restringiendo el flujo sanguíneo para que las venas sean más fáciles de ver. Una luz infrarroja ilumina la parte interna del codo con una cámara; un software contrasta la visión de la cámara con la de un modelo de la anatomía venosa y selecciona la vena adecuada. La vena se examina con ultrasonido para confirmar que es lo suficientemente grande y tiene suficiente sangre que fluye a través de ella. Luego el robot alinea la aguja y se pega al brazo. Todo el proceso tarda alrededor de un minuto, y lo único que el técnico tiene que hacer es conectar el tubo de ensayo apropiado o bolsa intravenosa.
Veebot se creó en 2009, cuando Richard Harris, un estudiante de tercer año en el departamento de ingeniería mecánica de Princeton, estaba buscando un tema para un proyecto. Al mismo tiempo, su padre, Stuart Harris, fundador de una empresa que hace contratos de investigación farmacéutica, mencionó que le encantaría ver a alguien llegar a una manera de automatizar la extracción de sangre.
Harris dijo que le atrajo la idea porque “se trataba de la robótica y visión artificial, dos campos que me interesaban, y había exigentes requisitos porque estarías automatizando algo que es diferente cada vez y trata de seres humanos.”
Harris construyó un prototipo que podía encontrar puntos de punción dibujandolos en un tubo de plástico flexible y luego contando con fondos de su padre, fundó Veebot en 2010.
En la actualidad, la máquina de Veebot puede identificar correctamente la mejor vena con un éxito del 83 por ciento de las veces, dice Harris, que es casi tan bueno como un ser humano. Harris quiere conseguir que la tasa alcance el 90 por ciento antes de los ensayos clínicos. Sin embargo, mientras se espera alcanzar ese objetivo en tres a cinco meses, debe conseguir financiación externa para cubrir los gastos de dichos ensayos. 
Harris estima que el mercado por su tecnología sea aproximadamente en EE.UU. de 9 mil millones de dolares, señalando que “la sangre se extrae mil millones de veces al año, sólo en los EE.UU.; los IVs se inician 250 millones de veces.” Veebot inicialmente tratará de venderse a los grandes centros médicos. 
Thomas Gunderson, director gerente y analista senior del banco de inversión Piper Jaffray Companies, considera que es el momento adecuado para este tipo de compañía de dispositivos médicos. En un muchos casos, “los médicos que hoy buscasen por todo el hospital a la persona adecuada para hacer una extracción de sangre, ésta aún podría fallar tres o cuatro veces buscando la vena correcta”, dice. “La tecnología puede ayudar desde el punto de vista del trabajo y hacer que el procedimiento sea más seguro para el paciente y para la persona que hace la extracción de sangre.”
El mayor desafío, dice Harris, es la psicología humana. “Si la gente no quiere un robot para extraer su sangre, entonces nadie va a utilizarlo. Creemos que si la máquina trabaja mejor, más rápido y más barato que una persona, la gente querrá usarlo”.
Gunderson dice: “En estos días tenemos robots multimillonarios haciendo cirugía. Creo que pasamos unos años en los que no nos fiábamos de esos robots pero al final esos años pasaron”.

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