Humanización de robots

Nuevos algoritmos podrían ayudar a los futuros robots domésticos multiuso a trabajar en las condiciones cambiantes e impredecibles de una vivienda ocupada por humanos.
Un hogar habitado por personas, sobre todo si entre ellas figuran niños o sujetos muy desordenados, es para un robot convencional un entorno caótico, del todo distinto al ambiente ordenado y cuadriculado de una cadena de montaje en una fábrica.
Buena parte de la actividad de los robots industriales actuales, incluyendo al típico brazo robótico universal, consiste en agarrar un objeto de un sitio y colocarlo en otro punto. Por lo general, los objetos, tales como componentes de automóviles en una cadena de montaje, están colocados de modo que el brazo los puede coger con facilidad; el diseño del apéndice que hace el agarre incluso puede responder a la forma de los objetos.
Sin embargo, los robots domésticos multiuso tendrían que ser capaces de manipular objetos de muy variadas formas, dejados en cualquier lugar, incluso tirados de cualquier manera en los sitios más inapropiados. Y en la actualidad, la destreza de los robots disponibles comercialmente está lejos de la de la mano humana. Sin embargo, no es imprescindible dotar a los robots de manos sofisticadas y carísimas, si se les enseña a usar sus manos rudimentarias de manera ingeniosa. Las estrategias usadas para manipular objetos por una persona que, por ejemplo, lleva las manos enfundadas en guantes gruesos o las tiene parcialmente ocupadas sosteniendo objetos, les pueden ser muy útiles a esos robots modestos.
Tomando como punto de partida esta idea, Jennifer Barry y Annie Holladay, dos imaginativas robotistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge, Estados Unidos, han desarrollado nuevos algoritmos para que robots multiuso domésticos superen mediante estrategias humanas las limitaciones de sus manos artificiales.
El algoritmo presentado por Jennifer Barry permite a un robot empujar un objeto por la superficie de una mesa, de modo que parte de él quede por fuera del borde, donde se le puede agarrar más fácilmente. Es una táctica parecida a la que los humanos usamos para recoger con rapidez monedas pequeñas depositadas en una mesa.
El algoritmo presentado por Annie Holladay permite a un robot de dos brazos utilizar una de sus pinzas para impedir que se vuelque el objeto que está colocando en su sitio con la otra pinza. Esta forma de proceder también es muy típica de la conducta humana.

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